Hoy no ha sido un día para grandes reflexiones
ni para remover heridas
ni para escribir desde el dolor.
Hoy ha sido uno de esos días normales que, sin hacer ruido, empiezan a marcar un cambio.
Entre prisas, trabajo y cansancio, hay una idea que empieza a tomar forma.
Todavía es pequeña, todavía da vértigo, pero ya no es solo un pensamiento: es un paso.
El lunes tengo una cita.
No para cerrar nada, no para prometerme nada, sino para informarme, para mirar opciones, para empezar a entender qué caminos existen si decido elegir uno distinto.
Y eso, después de tanto tiempo sobreviviendo, ya es mucho.
No sé cómo acabará todo esto.
No sé si saldrá bien, si será fácil, si me equivocaré otra vez.
Pero hoy no necesito saberlo.
Hoy me basta con algo muy simple: sentir que empiezo a moverme hacia un lugar que todavía no conozco, pero que ya no me duele imaginar.
A veces avanzar no es correr, ni decidirlo todo, ni tener respuestas.
A veces avanzar es sólo esto: dejar de quedarse quieto.
Y hoy, aunque sea despacio, ya no lo estoy.
Continuará…
Deja un comentario