1120. Cuando el miedo ya no pesa más que yo

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Hoy me he despertado distinto.

No porque el miedo haya desaparecido —sigue ahí—, sino porque, por primera vez en mucho tiempo, no ha sido lo que más pesaba.

Sigue habiendo vértigo.

Sigue habiendo dudas.

Sigue habiendo preguntas sin respuesta.

Pero hoy, por encima de todo eso, hay alivio.

Alivio de no estar empujándome a permanecer donde ya no encajo.

Alivio de no tener que convencerme más de que “esto es lo que toca”.

Alivio de haber dejado de traicionarme en silencio.

No estoy celebrando nada.

No estoy anunciando victorias.

No estoy diciendo que todo vaya a salir bien.

Solo estoy reconociendo algo mucho más importante: ya no me pesa seguir igual.

Durante mucho tiempo pensé que el miedo era una señal de que no debía moverme.

Hoy empiezo a entender que, en realidad, era la señal de que llevaba demasiado tiempo quieto.

El miedo sigue aquí, sí.

Pero ya no manda.

Ya no ocupa todo el espacio.

Ya no me aprieta el pecho como antes.

Hoy el miedo camina conmigo, no delante de mí.

Y eso —aunque parezca pequeño— es un cambio enorme.

No sé exactamente hacia dónde voy.

Pero sí sé de dónde me estoy yendo.

Y por primera vez en mucho tiempo, eso no me asusta tanto.

Continuará…

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