Mañana no voy a soñar nada.
Mañana voy a firmar.
No es una metáfora.
No es una intención.
No es una huida.
Es un paso.
Durante mucho tiempo he vivido sosteniendo estructuras que ya no me sostenían a mí. Lugares, rutinas, personas, silencios. Me acostumbré tanto a aguantar que olvidé cómo se sentía elegir.
Hoy no estoy tranquilo.
Pero tampoco estoy paralizado.
Hay nervios, sí.
Hay vértigo.
Pero por primera vez en mucho tiempo, el miedo no manda: acompaña.
Empiezo a dar pasos pequeños, concretos, reales. Un contrato. Un proveedor. Decisiones que pesan, pero no aplastan. Decisiones que construyen.
Si todo sigue su curso, pronto se levantará una verja.
Y no será solo la de un local.
Será la mía.
No sé cómo será el camino.
Pero sé algo con absoluta certeza:
seguir donde estaba ya no era vivir.
Y eso, hoy, es suficiente.
A veces empezar no es correr.
Es dejar de quedarse.
Continuará…
Deja un comentario