Hoy ha sido un día como los últimos…
Trabajo, gestiones, llamadas, decisiones, cansancio y bar.
Mucho bar.
Podría parecer un día cualquiera, pero no lo es.
Hoy es mi cumpleaños.
Y no, no lo he celebrado.
No ha habido brindis, ni velas, ni pausa para mirar atrás.
No porque no importe, sino porque ahora mismo hay algo más grande ocupando todo el espacio: el compromiso con lo que estoy creando.
Hoy he elegido no distraerme.
He elegido seguir.
He elegido concentrarme en que todo salga bien —o al menos, lo mejor posible— y en disfrutar del proceso tal y como viene, con su desgaste y su ilusión mezclados.
No siento tristeza por no celebrarlo.
Siento foco.
Siento propósito.
Siento que, por primera vez en mucho tiempo, estoy exactamente donde tengo que estar, aunque duela el cuerpo y falte el aire a ratos.
Quizá otro año lo celebre de otra forma.
Quizá entonces mire atrás y entienda que este cumpleaños no fue una ausencia, sino una semilla.
Hoy no se celebra.
Hoy se trabaja.
Hoy se construye.
Continuará…
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