Anoche no fue un ensayo.
Fue real.
Ayer no fue un “a ver qué pasa”.
Fue trabajo, fue gente, fue ritmo, fue responder, fue sostener.
Fue terminar la noche con el cuerpo roto y la cabeza en silencio por primera vez en mucho tiempo.
Triunfamos.
Y no lo digo desde el ego, lo digo desde las manos cansadas y desde esa sensación extraña de estar exactamente donde tienes que estar.
Hoy vuelve a tocar.
Más gente, más horas, más desgaste.
Más paliza, sí.
Pero también más certeza.
Porque hay cansancios que vacían y otros que construyen.
Y este, aunque duela, es de los buenos.
No sé cuánto durará esta energía, ni si todos los días serán así, pero hoy sé una cosa con claridad brutal:
Esto ya no es un sueño.
Es mi vida empezando a rodar.
Y ahora… a seguir.
Replica a BDEB Cancelar la respuesta