Llevo días enfocado en el nuevo negocio, invirtiendo horas y más horas.
El cuerpo lo nota, claro. Estoy cansado.
Pero es un cansancio distinto al de hace apenas un mes.
Antes era un agotamiento que vaciaba.
Este, aunque pesa, construye.
No me queda mucho tiempo para escribir, ni siquiera para pensar demasiado.
Y quizá por eso todo se ha vuelto más simple en algunos sentidos.
Cuando no hay espacio para darle vueltas a todo, el corazón también descansa.
No porque haya dejado de sentir, sino porque por fin no está ocupando el centro de todo.
Ahora estoy en el hacer.
En el presente.
En levantar algo que es mío.
Y, curiosamente, en medio de este cansancio físico, hay una calma que antes no conocía.
Replica a sunshine Cancelar la respuesta