Hay frases que llegan sin avisar y abren una puerta que uno preferiría mantener cerrada.
“Es tan corto el amor y tan largo el olvido.”
Y, sin quererlo, volví a pensar en ella.
Sé que algún día volveré a verla.
No porque la busque.
Tampoco porque no lo desee.
Simplemente porque la vida es así de caprichosa.
Y no, no he conseguido olvidarla.
No todavía.
No sé si algún día podré hacerlo del todo.
Lo único que tengo claro es que no quiero volver a verla mientras mi corazón siga así.
Lo he pasado mal.
Muy mal.
Demasiado.
No quiero volver a sentir ese nudo en el pecho, esa mezcla de esperanza y derrota, esa herida que se abre solo con su presencia.
No escribo esto para que lo lea.
No se lo diré.
Y probablemente nunca lo sabrá.
Pero necesito dejarlo claro para mí:
Ojalá no venga nunca al bar.
Aunque quiera hacerlo.
Aunque un día sienta la necesidad de verme.
Aunque piense que ya no pasa nada.
Para ella, todo pasó.
Para mí, necesita terminar de pasar.
Tuve que dejar un trabajo que me gustaba, un lugar en el que di mucho y también perdí demasiado, sólo porque no podía seguir viéndola cada día sin romperme un poco más.
Y eso no quiero olvidarlo si algún día volviera a aparecer frente a mí.
No es odio.
No es rencor.
No hay cuentas pendientes.
Es algo más simple y más difícil a la vez:
amor no correspondido que no quiero volver a sentir.
Alejarme no es castigo.
Es cuidado.
Y elegir no verla no es cobardía, es la única forma que me queda de proteger lo que aún estoy reconstruyendo.
Continuará…
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