Ha sido un fin de semana largo.
De esos que pesan en el cuerpo y se notan al final del día.
Muchas horas, poco descanso y la sensación constante de ir un paso por delante de todo.
Y aun así, ha salido bien.
Muy bien.
Hoy, además, llegaron visitas inesperadas.
Antiguos compañeros de Lidl que se pasaron a ver el bar, a saludar, a compartir un rato.
Reencuentros sencillos, naturales, sin ruido.
De esos que te recuerdan que, aunque cambien los lugares, los vínculos verdaderos no se pierden.
Incluso vino una antigua compañera que hoy puedo llamar amiga.
Y eso, en medio del cansancio, fue un regalo.
A veces el cuerpo está agotado, pero el corazón se siente lleno.
Y cuando ocurre eso, todo compensa un poco más.
No todos los días son fáciles.
Pero hay días que, sin hacer demasiado, te confirman que vas por el camino correcto.
Y hoy ha sido uno de esos días.
Continuará…
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