Si un día despiertas y ya no recuerdas mi risa, mi voz o mi nombre, no importa.
La memoria es frágil.
El tiempo hace su trabajo.
La vida empuja hacia adelante aunque uno no quiera.
Pero si en medio de todo lo que olvides te queda la sensación de que alguien te miró como si fueras un milagro… entonces me doy por vivido.
No necesito más.
No necesito permanecer en tus días, ni en tus planes, ni en tus rutinas.
Me basta con haber sido real en algún momento.
Y si un día soy yo quien deja de recordarte con esa intensidad que ahora todavía me aprieta el pecho, tampoco será traición. Será vida.
Porque olvidar no siempre significa que no importó.
A veces significa que dolió tanto que la mente decide protegerse.
Quiero que quede escrito aquí, por si algún día todo se diluye:
En algún punto del tiempo, tú y yo fuimos lo correcto.
Fuimos verdad.
Fuimos intención.
Fuimos entrega.
Fuimos hogar, aunque fuera breve.
No fuimos eternos.
Pero eso no invalida lo que fuimos.
Hay historias que no están hechas para durar, están hechas para enseñarte cuánto eres capaz de sentir.
Y tú y yo sentimos.
Aunque no supiéramos sostenerlo.
Aunque no camináramos al mismo ritmo.
Aunque la vida decidiera otra cosa.
Si algún día ya no queda nada más que un recuerdo difuso, quiero quedarme con esto:
Durante un tiempo fuimos lo que necesitábamos ser.
Y eso, aunque no fuera para siempre, fue suficiente para marcar una vida, MI VIDA.
Continuará…
Deja un comentario