Donde ya no estás
Un día más sin lograr sacarte de mi cabeza.
Y otra noche volviendo a ese lugar donde tu cuerpo ya no está.
Ese sitio en el que antes bastaba con acercarme un poco para sentir tu calor, para notar tu respiración mezclándose con la mía, para entender que el mundo podía detenerse durante unos segundos.
Ahora ese lugar sigue existiendo.
La cama sigue siendo la misma.
Las paredes no han cambiado.
Pero ya no es hogar.
El frío ocupa el espacio que antes tenía tu piel.
Y es curioso cómo el cuerpo recuerda lo que la vida ya no sostiene.
La memoria no guarda solo palabras o momentos.
Guarda gestos, distancias, la forma exacta en la que dos cuerpos se buscaban sin tener que decir nada.
A veces cierro los ojos y casi puedo volver a ese instante.
A ese momento en el que nuestras manos sabían encontrarse sin miedo.
En el que no había dudas, ni silencios incómodos, ni finales.
Sólo nosotros.
Porque hubo un tiempo en que dos cuerpos se encontraban y el mundo dejaba de importar.
Y quizá eso sea lo más difícil de aceptar.
Que algo tan real pueda desaparecer.
Que algo tan intenso termine convirtiéndose en un recuerdo que aparece cuando la noche se vuelve demasiado silenciosa.
No es rabia.
No es rencor.
Es solo esa extraña forma que tiene el amor de quedarse un poco más de lo que debería.
Y así pasan los días.
Un día más intentando seguir adelante.
Una noche más volviendo, inevitablemente, a ese lugar donde tu cuerpo ya no está…
pero donde una parte de mí todavía recuerda exactamente cómo era tenerte cerca.
Continuará…
Deja un comentario