Últimamente paso muchas horas hablando con personas mayores en el bar.
Gente que llega con tiempo, con ganas de conversar y con la mochila llena de historias.
Me hablan de trabajos antiguos, de amistades que ya no están, de errores que aún recuerdan y, sobre todo, de amores que el tiempo no borró.
Y escuchándolos, no he podido evitar imaginarme a mí mismo dentro de treinta o cuarenta años.
Me veo sentado en la barra de algún bar cualquiera.
Con la mirada cansada.
Con la serenidad que dan los golpes bien digeridos… o quizá con la tristeza de los que nunca terminaron de curar.
Entonces imagino que alguien joven se acerca.
Quizá por curiosidad.
Quizá por entretenerse un rato.
Quizá porque todavía hay personas que saben escuchar.
Me mira y me pregunta:
—¿Aún recuerdas a alguna ex? ¿A alguien que te dejara marcado?
Y yo no respondo enseguida.
Me quedo mirando al vacío, como quien busca algo en una habitación que ya no existe.
Respiro hondo.
Los ojos se me humedecen, pero no lloro.
Y entonces digo:
—Hijo… hay personas que no se van de nuestra vida.
Se van de nuestra rutina… pero siguen viviendo en nuestra alma.
No solo la recuerdo a ella.
Recuerdo quién era yo cuando estaba conmigo.
Recuerdo la paz que tenía sin saberlo.
Recuerdo reír sin motivo.
Recuerdo sentirme completo… sin tener que demostrar nada a nadie.
Y lo peor no es la nostalgia.
Lo peor es que nunca llega entera.
Llega en pedazos.
En un aroma cualquiera que pasa por la calle y me desarma.
En una canción que llevo años evitando.
En un detalle insignificante para todos… pero que para mí carga un mundo entero.
Seguí con mi vida, claro que sí.
Conocí a otras personas.
Viví otras historias.
Sonreí de nuevo.
Pero nunca volví a sentirme completo del todo.
Porque una parte de mí se quedó allá… en un tiempo que ya no existe… con alguien que quizá ya ni se acuerda de mí.
Y eso… eso es lo que más duele.
No perder a alguien.
Sino seguir viviendo sin la parte de ti que solo existía cuando esa persona estaba.
Después de decir eso, me imagino quedándome en silencio.
Y sin añadir nada más, hacerle entender algo que solo se aprende cuando se ha amado de verdad:
Que hay amores que no terminan.
Hay amores que simplemente aprenden a esconderse dentro de nosotros… mientras nosotros aprendemos a fingir que los superamos.
Continuará…
Deja un comentario