Hay momentos en la vida que pasan desapercibidos. Pequeños instantes que, tal vez, para los demás no tienen gran importancia… pero que para mí lo significan todo.
Y entre todos esos momentos, hay uno que siempre destaca:
Verte sonreír.
Tu sonrisa tiene esa extraña capacidad de cambiarlo todo. Es un instante fugaz que me llena de calma, la chispa que enciende de luz hasta los días más oscuros.
No importa cuán difícil haya sido el día, qué pensamientos me pesen o cuántas preocupaciones estén sobre mi espalda. Si tú sonríes, todo encuentra su lugar.
Es como si, solo por un momento, el mundo se alineara de la forma correcta y me recordara que la vida también puede ser simple… y hermosa.
Por eso me esfuerzo tanto en hacerte reír.
No lo hago por costumbre, ni por simple diversión. Lo hago porque realmente me importa verte feliz.
Me gusta contarte mis anécdotas, aunque a veces no tengan sentido. Me gusta improvisar chistes, aunque sean malos. Exagero mis gestos, digo tonterías, invento situaciones… lo que sea.
Todo vale si con ello logro arrancarte una carcajada.
Porque en ese instante, cuando sonríes, todo se vuelve más ligero, más bonito, más fácil.
Y lo curioso es que contigo, hasta yo cambio.
A veces me siento apagado, ausente, lleno de silencios. Hay días en los que me cuesta conectar, en los que prefiero el silencio o simplemente no tengo fuerzas para nada.
Pero cuando estoy contigo, todo eso se desvanece.
Tu presencia transforma mi mundo. Me aligera. Me impulsa. Me recuerda que puedo ser mejor. Y no por obligación… sino porque me nace.
Contigo, lo que normalmente me pesa, deja de importar tanto.
Contigo, incluso los días más grises adquieren otro color.
Por eso, cuando estás lejos, cuando no puedo escuchar tu risa ni ver esa sonrisa que tanto me gusta, te extraño más de lo que imaginas. Extraño cómo me haces olvidar mis miedos con una simple mirada feliz. Extraño la paz que me das sin siquiera darte cuenta.
Extraño la certeza de que, aunque todo sea un caos, mientras tú sonrías… todo va a estar bien.
Tu risa tiene una especie de magia.
Una que no se encuentra en cualquier parte.
Y quizás nunca te lo dije de esta manera, pero cuando sonríes, también me haces bien.
Me das paz. Me das alegría. Me ayudas a respirar más despacio.
Me invitas a quedarme, a mirar el momento con ojos nuevos, sin pensar en todo lo que ya no fue ni en lo que aún no llega.
Porque la vida no es perfecta.
A veces duele. A veces cansa.
Pero mientras sigas sonriendo, mientras tenga la oportunidad de ser parte de esa felicidad, todo seguirá valiendo la pena.
Así que, aunque el tiempo pase, aunque las cosas cambien o la vida nos lleve por caminos inesperados, quiero que siempre recuerdes esto:
Tu sonrisa es mi mejor recompensa.
Y mientras exista la posibilidad de que pueda hacerte reír, aunque sea un poco, aunque sea una vez más… estaré aquí.
Contando historias.
Inventando excusas.
O simplemente, compartiendo silencios.
Porque mientras tú sonrías, todo en este mundo sigue teniendo sentido.
Continuará…
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