899. Mi momento más humilde

By

Mi momento más humilde no fue cuando pedí ayuda.

Tampoco cuando lloré por alguien que ya no estaba.

Mi momento más humilde fue cuando elegí quedarme, incluso cuando ya me habían dejado.

Fue cuando ayudé a quien me abandonó.

Cuando estuve ahí, incluso sabiendo que ya no me pertenecía.

Cuando cuidé con el alma rota, en silencio, sin esperar nada.

Porque me dolía más fallarme a mí mismo que confirmar que alguien ya me había fallado.

Fui el refugio de quien me rompió.

La voz que calmó al que un día gritó para hacerme callar.

Fui abrazo para quien me dio la espalda.

Y consuelo para quien no tuvo reparo en buscarlo en otros brazos mientras yo seguía sosteniéndolo en el mío.

Ese fue mi momento más humilde.

Y también, mi acto más valiente.

Porque no se trataba de que lo mereciera, sino de que yo no podía convertirme en lo que me hicieron.

Porque aún me quedaba dignidad… y, paradójicamente, la mostré en el momento más injusto para mí.

Hoy no me arrepiento.

Ni por lo que hice.

Ni por lo que di.

Solo por haber creído que alguien así sabría algún día valorarlo.

Pero ahora lo sé:

Yo estuve.

Yo lo di todo.

Yo no me fui, ni siquiera cuando el mundo me decía que ya no había nada que salvar.

Y eso, aunque me parta por dentro, es lo que me salva.

Continuará…

Posted In ,

2 respuestas a “899. Mi momento más humilde”

  1. Avatar de Mi Viaje a la Lectura

    Lo que escribes demuestra un gran amor, nobleza y empatía de tu parte. Se lo que es cuidar con el alma rota. Pero también aprendí que no puedes cuidar a la persona por la que te sientes roto. No puedes sanar, si quien te causa heridas sigue presente haciendote daño. Ese corazón bonito que tienes, también merece ser cuidado. Merece que lo protejas y que te alejes de los que no lo valoran. Porque para cuidar algo primero hay que valorarlo. Y amar a una persona que no te valora, hace muchísimo daño. Un abrazo enorme, y que hoy sea un día para seguir sanando.

    Le gusta a 5 personas

    1. Avatar de Óscar David

      Gracias infinitas, compañera del alma rota y del alma fuerte.
      Porque tú lo sabes… sabes lo que duele cuidar a quien te rompe, sabes lo que cuesta seguir ahí cuando todo en ti pide auxilio, y sabes lo difícil que es proteger un corazón ajeno mientras el tuyo sangra en silencio.
      A veces creo que, por dentro, aún lo hago. Que sigo siendo refugio de quien ya no está… y que sigo protegiendo un recuerdo que no me protegió a mí.
      Pero te leo, y me reconozco. Me veo. Me abrazo.
      Y me repito, como tú me recuerdas, que este corazón también merece ser cuidado. Que no todo lo que se ama debe quedarse. Que alejarse también puede ser una forma de amor propio.
      Gracias por estar, por entender y por escribir desde ese lugar que ya no juzga, que no exige… solo abraza.
      Seguimos sanando.
      Un abrazo inmenso, de esos que no se ven pero se sienten.

      Le gusta a 2 personas

Replica a Óscar David Cancelar la respuesta