902. Hoy, por fin, te dejo ir, Sara

By

No fue una revelación.

Tampoco un acto de valor.

Fue el cansancio.

El de verdad.

El que pesa en el cuerpo, en la mente, en el pecho.

Y fue hoy.

Justo hoy.

El día en que tú firmas lo que tanto tiempo llevabas esperando: tu ascenso.

El reconocimiento que mereces, el paso adelante que te corresponde, el logro por el que siempre te apoyé… incluso cuando ya no me dabas ni las gracias.

Hoy, que todos te felicitarán.

Hoy, que las miradas estarán sobre ti.

Hoy, que deberías sonreír sin peso.

Hoy, yo te dejo ir.

Sin aplausos. Sin palabras. Sin que lo sepas siquiera.

Porque ya no me queda espacio para seguir esperándote en silencio.

Porque este cuerpo que se levanta cada día a las 4:15 ya no puede sostener más noches vacías.

Porque esta mente saturada ya no puede seguir reinventando excusas para no escribirte.

Porque este corazón cansado ya no puede seguir viviendo en pausa.

Te esperé, Sara.

Te esperé incluso cuando fingía que ya no lo hacía.

Te esperé cuando todos me decían que soltara.

Te esperé cuando tú ya no me mirabas, cuando decidiste que lo nuestro se trataba de “pasar página” aunque esa página no se hubiera escrito entera.

Te esperé mientras celebrabas tus cosas con otros.

Mientras sonreías sin saber cuánto dolía no ser parte.

Mientras seguías adelante… sin mí.

Y ahora, se acerca el viernes.

Tu cumpleaños.

Una fecha que antes llenaba de ilusión.

Y que ahora me trago como se tragan los nudos que no se pueden llorar.

No te escribiré.

No te felicitaré.

No apareceré.

Y no porque no me acuerde.

Sino porque me acuerdo de todo.

Porque sé lo que duele tener tanto amor para alguien que ya no tiene un hueco para ti ni siquiera en su día especial.

Porque ya no voy a fingir que soy fuerte, ni a buscar motivos para hablarte como si nada hubiera pasado.

Porque te quiero tanto que ya no puedo quedarme más en este sitio donde siempre soy el último en tu vida.

Hoy tú asciendes.

Y yo suelto.

No porque me sobre el amor… sino porque ya no me queda fuerza para seguir dándolo donde ya no nace.

Y aunque siga queriéndote con esa parte de mí que aún recuerda lo bonito, te dejo ir, Sara.

No porque no me importes.

Sino porque me importas demasiado como para seguir rompiéndome.


Epígrafe:

“Hoy tú firmas tu ascenso.

Hoy yo firmo tu despedida.

Que la vida te lleve donde sueñas.

Y que a mí, por fin, me deje descansar de ti.

Continuará…

Posted In ,

3 respuestas a “902. Hoy, por fin, te dejo ir, Sara”

  1. Avatar de Mi Viaje a la Lectura

    Hoy viví algo parecido. Y volviste a ponerle nombre y palabras a lo que siento. Hoy solo era pedazos y con esa tristeza inmensa que siento desde que ya no está en mi vida. Es estar rota por dentro y tratar de sonreir por su felicidad. Desde la distancia desde su ausencia. Hoy es un día difícil también. Por eso te envío un abrazo enorme, de esos que sostienen y acarician el alma. Yo también necesito uno. Y en este momento solo me repito: «ten paciencia. Algún día pasará. Algún día tiene que dejar de doler, solo respira. Lo estás haciendo lo mejor que puedes».

    Le gusta a 2 personas

    1. Avatar de Óscar David

      A veces, sin saberlo, compartimos el mismo día difícil desde extremos distintos del mapa. Y aunque no nos veamos, nos entendemos. Porque lo que compartimos no es solo el dolor, es la forma de sentir tan parecida, tan callada, tan honesta… tan rota.
      Me ha dolido leerte, pero también me ha abrazado saber que no estoy solo en esto. Que mientras trato de aceptar su ausencia en silencio, tú también lo estás haciendo desde tu propia historia.
      No sabes cuánto valoro tu mensaje. Gracias por sostenerme aun estando hecha pedazos. Aquí va de vuelta ese abrazo que acaricia el alma. Te lo mereces. Lo merecemos.
      Y sí… algún día dejará de doler. Mientras llega, respiremos. Porque estamos aquí, sobreviviendo, pero también aprendiendo a vivir sin rendirnos del todo.
      Gracias por seguir estando, incluso cuando todo pesa. De corazón, Óscar.

      Le gusta a 1 persona

  2. Avatar de Ana María Otero

    🫂

    Me gusta

Replica a Ana María Otero Cancelar la respuesta