Hoy no tengo frases motivadoras.
Ni ganas de decir que todo pasa, que todo mejora o que el tiempo lo cura todo.
Hoy, si te quieres rendir, ríndete.
No te voy a juzgar.
A veces, rendirse también es una forma de descanso.
No todos los días se puede con todo.
Hay días en los que la cabeza pesa, el corazón duele y el alma solo quiere silencio.
Y no pasa nada.
No hay que ser fuerte siempre, ni tener respuestas para todo.
Hay días en los que respirar ya es bastante.
Pero yo, de momento, pienso seguir peleando.
No porque sea más valiente, sino porque aún me queda algo dentro que se niega a rendirse del todo.
Porque ya me he caído demasiadas veces y he aprendido que, aunque duela, siempre hay algo que empuja desde dentro para levantarse una vez más.
No tengo discursos, ni energía para disfrazar lo que siento con palabras bonitas.
Solo tengo esta verdad: estoy cansado, pero sigo aquí.
Y mientras siga aquí, seguiré intentando que cada día duela un poco menos y pese un poco menos también.
Así que, si hoy te rindes, hazlo.
Pero no te olvides de volver.
Vuelve cuando descanses, cuando respires, cuando el alma te pida otra oportunidad.
Y si ese día llega y me ves por aquí, probablemente siga peleando también.
Porque a veces no se trata de ganar, sino de no dejar que la vida te quite las ganas de intentarlo.
Continuará…
Deja un comentario