No sé si uno llega alguna vez a estar preparado para tanto.
Tanto cambio, tanto silencio, tanta pérdida.
Tanta vida que pasa y que no se detiene, aunque tú aún no estés listo para continuar.
Durante mucho tiempo pensé que la fortaleza consistía en no caer, en mantenerme entero mientras todo se desmoronaba alrededor.
Hoy sé que no era eso.
La fortaleza real fue seguir, incluso roto.
Fue levantarme sin certezas, con el miedo a cuestas, y seguir confiando, aunque no tuviera motivos.
He aprendido a mirar mis ruinas sin asustarme.
A aceptar que no todas las historias terminan bien, pero que todas, de alguna forma, dejan una enseñanza.
Que no todo se olvida, pero con el tiempo, se aprende a vivir distinto.
Sigo luchando con fantasmas que no siempre se dejan ir.
Sigo recordando a quien ya no debería dolerme, pero también sigo creciendo en medio de ese dolor.
Porque ya no busco respuestas, busco paz.
Y eso, por fin, empieza a tener sentido.
A veces pienso que la vida no te prepara para tanto.
Ni para los adioses sin explicación, ni para el amor que se apaga, ni para la nostalgia que se queda.
Pero también pienso que, quizás, de eso se trata: de aprender a sostenerte sin entenderlo todo.
Hoy no prometo estar bien.
Prometo seguir intentándolo.
Prometo seguir buscando luz, incluso cuando no la vea.
Prometo no rendirme, aunque a veces duela seguir.
Porque sí, puede que aún me falte mucho por sanar, pero también he avanzado más de lo que creo.
Y si algo me ha enseñado este camino, es que no hay que tenerlo todo claro para seguir caminando.
Todavía estoy aquí
Y si llegaste hasta aquí conmigo, gracias.
Por leerme, por quedarte, por entender sin preguntar.
Por acompañar a alguien que sigue aprendiendo, poco a poco, a estar preparado para tanto.
Continuará…
Replica a Mi Viaje a la Lectura Cancelar la respuesta