1065. Cuando por fin dejo de correr

By

Qué bonita se vuelve la vida cuando dejas de correr detrás de lo que no es tuyo, cuando sueltas esa costumbre de aferrarte a lo que ya no te sostiene y permites que el universo empiece a acomodar lo que tú desordenaste.

Hay una calma especial que aparece cuando dejas de buscar explicaciones, cuando aceptas que no todo necesita entenderse, que hay cosas que simplemente suceden, aunque duelan, aunque no encajen, aunque rompan por dentro.

Durante mucho tiempo creí que tenía que comprenderlo todo: el porqué, el cuándo, el “qué habría pasado si…”.

Me quedé sin fuerzas intentando descifrar lo que no tenía respuesta, tratando de sostener lo que no podía sostenerse, justificando lo injustificable, dándole sentido a silencios que en realidad solo significaban ausencia.

Y en medio de todo eso, me perdí.

Perdí la calma, la claridad, la energía… hasta que un día entendí que no era mi tarea pelear contra lo inevitable.

A veces la paz llega así: despacio, sin ruido, sin avisar.

Llega cuando dejas de presionar al corazón para que olvide, cuando dejas de exigirle a la vida explicaciones, cuando por fin te permites descansar en lo simple.

Porque el alma no pide grandeza.

No quiere milagros, ni finales perfectos, ni promesas imposibles.

El alma solo pide un lugar donde descansar sin miedo.

Un espacio donde dejar de fingir que no duele, donde dejar de empeñarse en encajar en lo que hace tiempo dejó de tener forma para uno.

Y hoy, sin tener todas las respuestas, sin haber cerrado todas las heridas, sin estar del todo bien… puedo reconocer algo: la calma llegó justamente cuando dejé de buscarla a la fuerza.

Cuando acepté que no todo lo que quise se iba a quedar.

Cuando entendí que, aunque duela, soltar también es una forma de cuidarse.

Cuando dejé espacio para que algo mejor —o simplemente algo distinto— pudiera entrar.

Quizá vivir sea eso: dejar de pelear con lo inevitable y aprender a ver la belleza en lo que queda después del derrumbe.

Quizá sea entender que uno también merece un respiro, una tregua, un rincón propio donde seguir recomponiéndose sin prisa.


Y así empieza lo que sigue

Quizá no se trate de olvidar, ni de dejar de sentir.

Quizá el verdadero inicio está en permitirte respirar sin buscar respuestas, sin empujar nada, sin aferrarte a lo que ya se fue.

A veces el corazón solo necesita descanso para volver a latir sin miedo.

Hoy no lo tengo todo claro, pero sé esto: no era mi responsabilidad sostener lo insostenible, ni salvar lo que no quería quedarse.

Si la vida está recolocando lo que yo desordené, lo mínimo que puedo hacer es dejar que lo haga.

Y confiar en que, cuando el polvo se asiente, habrá un lugar —tranquilo, honesto, mío— donde mi alma pueda descansar sin romperse.

Continuará…

Posted In ,

2 respuestas a “1065. Cuando por fin dejo de correr”

  1. Avatar de Mi Viaje a la Lectura

    Creo que he estado en ese lugar: donde creí que lo había perdido todo —mi hogar, mi presente, el futuro que había planeado por tantos años. Todo se derrumbó. Pero después de irse el ruido y, más lentamente, el polvo, vi un espacio enorme y comencé a recorrer las ruinas buscando lo que me quedaba.
    Y encontré mis ganas de vivir, sueños que había aplazado, el deseo de aprender cosas nuevas, de conocer lugares nuevos. Encontré el impulso de escribir, de buscar ayuda, de hacer un blog. Tenía tanto espacio libre que podía construir lo que quisiera.
    Pero no es un proceso fácil. Tienes que remover los escombros, limpiar el polvo, llorar mucho, tropezar varias veces, cambiar y volver a construir. Y a veces tuve que derrumbar nuevamente, porque no lo hice bien. Quería que se pareciera a lo que había, y me equivoqué. Me equivoqué más veces de las que quise reconocer.
    Hubo días buenos, donde todo parecía darse, y días malos donde estaba tan herida que no podía pararme. A veces los días malos parecían más, y todo el esfuerzo ni se notaba. Todo se veía igual.
    Pero llegan personas que no esperas, que te regalan palabras y compañía, que iluminan tu espacio, y te das cuenta de que no estás en el mismo sitio. Que a veces lo parece porque necesitas descansar o quedarte quieta para no hacerte más daño.
    Óscar, sé que estás mejor, que no estás en el mismo punto, aunque los últimos días hayan sido un desastre. Hoy escribes desde otro sitio. A veces solo necesitamos descansar para volver a comenzar y seguir construyendo nuestro lugar.
    Un abrazo.

    Le gusta a 1 persona

    1. Avatar de Óscar David

      Abril, te leo y parece que tus palabras me acarician el hombro, como quien se sienta a mi lado sin hacer ruido, simplemente para recordarme que no estoy tan perdido como creo.
      Sé exactamente de qué hablas… porque estoy caminando entre mis propias ruinas. A veces siento que ya he limpiado algo, que ya he levantado una pared nueva, que ya puedo respirar un poco mejor… y de repente, cualquier detalle, cualquier gesto o recuerdo, vuelve a tirarlo todo abajo y me quedo ahí, en el polvo, sin saber si empezar otra vez o quedarme quieto un rato para no romperme más.
      Lo que dices es verdad: no estoy en el mismo punto, aunque estos días me hayan hecho dudarlo. Tus palabras me han hecho ver algo que yo a veces olvido: que no se trata solo de avanzar, sino también de descansar, de dejar que el alma recupere fuerzas para seguir reconstruyéndose.
      Te agradezco enormemente que estés aquí, que me hables desde un sitio tan real y tan tuyo. Tus palabras iluminan más de lo que imaginas, quizá porque vienen de alguien que también ha conocido el derrumbe y, aun así, sigue eligiendo levantarse.
      Un abrazo grande, de esos que se dan sin prisa. Aquí seguimos, cada uno a su ritmo, pero seguimos. 😘😘😘

      Le gusta a 1 persona

Replica a Óscar David Cancelar la respuesta