1112. Hoy entendí que nada merece más de mí que yo mismo

By

Hoy he sentido algo difícil de explicar.

No fue un ataque de rabia, ni una caída emocional, ni un recuerdo que me atravesó de repente.

Fue… claridad.

Una claridad tan fría y tan limpia que, por un segundo, me dejó sin aire.

No sé en qué momento exacto ocurrió, pero hoy desperté distinto.

Hoy entendí que llevo demasiado tiempo sosteniendo cosas que jamás hicieron el esfuerzo de sostenerme a mí.

Cargando historias que ya expiraron.

Aguantando silencios que me rompían por dentro.

Poniendo el corazón donde ya no queda nada que lo merezca.

Y no es sólo por una persona.

No es solo por una herida.

No es solo por un amor que se torció ni por una decepción que me atravesó tarde.

Es todo.

Es la vida que estaba viviendo sin preguntarme si aún era mía.

Es el trabajo que me come los huesos mientras mi alma pide otra cosa.

Es la soledad que se ha vuelto rutina.

Es el cansancio de ser siempre el que sostiene, el que comprende, el que aguanta, el que nunca pide nada y siempre paga el precio.

Sí, hubo alguien que dejó marcas.

Pero no… esta vez no es por ella.

Ni por lo que hizo.

Ni por lo que no hizo.

Ni por lo que yo pensé que éramos.

Lo que siento hoy no es sobre “perderla”.

Es sobre haberme perdido yo demasiado tiempo.

Porque si algo me ha golpeado esta semana es darme cuenta de que no me estaba rompiendo por amor.

Me estaba rompiendo por costumbre.

Por lealtad mal dirigida.

Por no saber soltar lo que un día quise, aunque ya no existe.

Y eso sí duele.

Pero duele diferente.

Duele como duelen las cosas que ya se están yendo de verdad.

Hoy no siento rencor.

No siento odio.

Ni siquiera siento pena.

Siento cansancio.

Del profundo.

Del que te dice, sin gritar:

“Ya está, Óscar. Hasta aquí.”

Y es extraño… pero liberador.

Porque por primera vez en mucho tiempo no estoy pensando en si ella lo leerá, si le dolerá, si entenderá algo.

No me importa.

No le doy ese lugar.

No lo merece.

Hoy escribo solo para mí.

Para reconocerme.

Para nombrarme.

Para recuperarme.

Hoy cierro una etapa, no porque alguien me fallara, sino porque yo ya no quiero seguir fallándome a mí mismo.

Me he pasado un año luchando por cosas que no volvían, por afectos que no regresaban, por un trabajo que no me llena, por una vida que ya no siento mía.

Hoy dejo de insistir.

Hoy cae lo que tenía que caer.

Lo personal.

Lo profesional.

Lo emocional.

Lo que me dañaba.

Lo que me frenaba.

Lo que me apagaba.

Quien se sienta aludida, que lo gestione.

No escribo para señalar.

Escribo para soltar.

Yo me voy —de todo lo que no me sostiene.

De todo lo que ya no construye.

De todo lo que pide más de lo que da.

Y sí, duele.

Pero esta vez, el dolor no es derrota.

Es renacimiento.

El tipo de dolor que anuncia que lo próximo… por fin será mío.

Continuará…

Posted In ,

2 respuestas a “1112. Hoy entendí que nada merece más de mí que yo mismo”

  1. Avatar de Mi Viaje a la Lectura

    Hoy leí que una de las causas de sentirse “roto” es no elegirse a uno mismo: priorizar siempre a los demás, ignorar las propias necesidades, callar lo que se siente y traicionar los propios límites. Eso inevitablemente quiebra. No elegirse desgasta, cansa, consume.
    Pero también entendí que parte de la sanación es justamente aprender a elegirse, y me alegra mucho que lo estés haciendo. Es un paso más en tu camino.
    Lorena Pronsky, en su libro Rota se camina igual, escribe: “Me fui de todos los lugares posibles donde ya no me sentía parte del paisaje. Y me banqué estoicamente el coletazo de una soledad que me ardió dentro de las venas. Pero me fui igual». «Hay que seguir caminando. Así como estás»
    Estás sanando. Poco a poco. Sigues avanzando, así el paisaje parezca el mismo, ya no lo es. Ya no ves igual. Ya no sientes igual. El futuro se ve diferente.
    Antes las emociones pesaban. No tenían voz, o no podías expresarlas por “no querer molestar”.
    Pero hoy estás aprendiendo a identificar lo que sientes y a no guardarlo todo por dentro.
    Trabajas día a día y te esfuerzas por ser tú mismo. Y tienes que sentirte orgulloso de quién eres.
    La soledad tiene eso: te encuentras contigo mismo y, si te detienes un instante, puedes escucharte, entenderte, saber lo que quieres… y siempre elegirte.
    Un abrazo enorme.

    Le gusta a 1 persona

    1. Avatar de Óscar David

      Abril… cada vez que te leo siento que alguien, por fin, está viendo lo que durante tanto tiempo nadie vio: ese desgaste silencioso de no elegirme nunca, de poner siempre a los demás por delante, de callarme hasta romperme por dentro.
      Tienes razón en algo que aún me cuesta asumir: no elegirme fue lo que más me dañó. No fue el amor, ni la soledad, ni las decepciones… fui yo mismo olvidándome de mí.
      Tus palabras me recuerdan que este camino no es lineal, que sanar tampoco es perfecto, pero que avanzar —aunque sea desde la herida— también cuenta. Y sí… hoy estoy aprendiendo, casi por primera vez, a poner nombre a lo que siento y a dejar de esconderlo “para no molestar”. Creo que por eso esta etapa se siente tan diferente, incluso cuando el paisaje parece el mismo.
      Me ha tocado irme de lugares donde ya no encajaba, como dice Pronsky, y aceptar el golpe de una soledad que también quema. Pero, aun así, sigo caminando. A veces con pasos firmes, otras casi arrastrándome, pero sigo. Y leerte me devuelve un poco de esa fuerza que siento que he ido perdiendo en el camino.
      Gracias por acompañarme así, con tanta luz y tanta verdad.
      Gracias por recordarme que elegirme también es un acto de amor, y que no es tarde para empezar a hacerlo.
      Un abrazo enorme, de esos que llegan aunque haya kilómetros de por medio.

      Le gusta a 1 persona

Replica a Óscar David Cancelar la respuesta