1138. A la sombra también se crece

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“Incluso las semillas en la sombra saben que algún día serán árbol.”

Hubo un tiempo en el que pensé que estar en la sombra era sinónimo de fracaso.

De haberme equivocado.

De haber llegado tarde a todo.

La sombra duele porque es silenciosa.

Porque nadie aplaude lo que no se ve crecer.

Porque mientras otros parecen avanzar bajo el sol, uno se pregunta si sigue vivo o sólo resistiendo.

Pero hoy empiezo a entender algo distinto.

La semilla no se queja de la oscuridad.

No se compara.

No se desespera.

La sombra no es castigo: es protección.

Es el lugar donde se rompe lo viejo para que algo nuevo tenga espacio.

Donde no hay espectáculo, pero sí trabajo real.

Yo he sido esa semilla.

Enterrada bajo decisiones difíciles, pérdidas, miedos, cansancio…

Sin luz, sin certezas, sin aplausos.

Sólo con la intuición —a veces muy débil— de que rendirme no era una opción.

No sabía cuándo.

No sabía cómo.

Pero algo dentro de mí sabía.

Sabía que este no era el final, sino el proceso.

Que crecer no siempre se nota hacia fuera, pero siempre empieza hacia dentro.

Que incluso cuando todo parece detenido, la vida sigue empujando en silencio.

Hoy sigo en la sombra.

Pero ya no me siento perdido.

Porque empiezo a reconocerme como semilla.

Y las semillas, incluso enterradas, incluso solas, incluso rotas…

saben.

Saben que, tarde o temprano, romperán la tierra.

Saben que el árbol no nace del ruido, sino de la paciencia.

Saben que haber estado abajo no les impide sostener el cielo después.

Y yo también lo sé ahora.

Continuará…

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2 respuestas a “1138. A la sombra también se crece”

  1. Avatar de Mi Viaje a la Lectura

    Entiendo la imagen de la semilla desde la que te miras. Sin embargo, al leerte, yo te percibo distinto: no como alguien que empieza, sino como un roble.
    El roble representa a una persona buena y fuerte, con raíces profundas, que ha resistido vientos, sequías y tormentas sin perder su esencia. Crece despacio, casi en silencio, y por eso muchas veces no reconoce su propia grandeza. No se da cuenta de que su valor no está en lo inmediato, sino en lo duradero.
    El roble suele creer que vive a la sombra de otros, cuando en realidad es él quien crea sombra: protege, sostiene, ofrece refugio. No presume su belleza porque no es llamativa; es una belleza sobria, firme, confiable, que se revela con el tiempo, y su longevidad habla de todo lo que ha logrado sin necesidad de que lo vean.
    El roble no ve su majestuosidad, porque está demasiado ocupado sosteniendo.
    Y como los robles, creces cada día, aun cuando crees que solo estás resistiendo.

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    1. Avatar de Óscar David

      Gracias por regalarme esa imagen. De verdad.
      Hoy me sentía semilla porque aún me veo pequeño, frágil, en sombra… pero leerte y verme a través de tus palabras me ha hecho parar un segundo y respirar distinto.
      Quizá tengas razón y lleve mucho tiempo sosteniendo sin darme cuenta de que eso también es crecer. Tal vez he estado tan ocupado resistiendo, cuidando y protegiendo, que no he sabido ver lo que ya había echado raíces dentro de mí.
      Me quedo con algo muy bonito de lo que dices: que no todo crecimiento es inmediato ni ruidoso, que hay fuerzas que se construyen en silencio. Y si alguna vez he dado sombra sin saberlo, o refugio sin pretenderlo, entonces todo este camino también habrá tenido sentido.
      Gracias por mirarme con ojos que ahora mismo yo no tengo.
      De corazón. 😘

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