No llego a este final de año entero.
Llego cansado.
Con partes de mí desgastadas, con otras recién descubiertas y algunas aún en reconstrucción.
Este año me rompió más de lo que pensé que podría soportar.
Me obligó a mirar de frente cosas que llevaba demasiado tiempo evitando:
mis silencios, mis miedos, mi forma de amar, mi forma de sostener a otros hasta olvidarme de mí.
Perdí personas.
Perdí lugares que creía hogar.
Perdí certezas que daban vértigo perder…
y, sin embargo, aquí estoy.
No fue un año bonito.
Pero fue un año honesto.
Aprendí que no todo lo que duele se arregla quedándose.
Que no todo lo que se ama se puede salvar.
Que no todo lo que fue importante merece seguir ocupando el presente.
También aprendí algo que me costó mucho aceptar:
que cuidarme no es egoísmo, que soltar no es fracasar, y que empezar de cero no borra lo que fui, sino que me devuelve la dignidad de elegir lo que viene.
Llego a este nuevo año sin promesas grandilocuentes.
Sin listas perfectas.
Sin certezas absolutas.
Llego con miedo, sí.
Pero también con una claridad que antes no tenía.
Con la intuición de que algo nuevo está tomando forma, aunque todavía esté en silencio.
Como una semilla bajo tierra.
Como un roble que sigue en pie incluso cuando cree que solo resiste.
Si este año me enseñó algo es que no necesito estar bien para seguir avanzando.
Solo necesito ser sincero conmigo.
Y dar un paso más.
Aunque sea pequeño.
Aunque sea lento.
Así que sí, feliz año.
Feliz año a quienes siguen, a quienes acompañan, a quienes leen, a quienes sienten en silencio.
Feliz año incluso si no llega perfecto.
Incluso si llega con cicatrices.
Incluso si llega con miedo.
Que el nuevo año no nos pida sonreír a la fuerza, pero sí nos permita descansar, elegirnos y construir algo más amable con lo que somos ahora.
Yo empiezo así:
sin ruido, sin disfraces, pero con la firme decisión de no volver a abandonarme.
Feliz año nuevo.
Continuará…
Replica a sunshine Cancelar la respuesta