1141. A quienes me sostuvieron cuando no sabía cómo hacerlo

By

Empiezo este año desde un lugar distinto.

No desde la euforia, ni desde las promesas grandilocuentes, sino desde algo mucho más real: el agradecimiento.

Porque si hoy sigo aquí, si he sido capaz de atravesar uno de los años más duros de mi vida sin romperme del todo, no ha sido sólo por mí.

Ha sido porque, en medio del caos, del dolor, de la confusión y del cansancio, no caminé completamente solo.

Este año me vi perderme.

Me vi dudar de mí.

Me vi cargar culpas que no eran solo mías, sostener más de lo que podía, y quedarme en lugares donde ya no estaba en paz.

Fue un año de duelo, de despedidas silenciosas, de noches largas y preguntas sin respuesta.

Pero también fue un año de aprendizaje profundo.

De empezar a poner nombre a lo que sentía.

De entender mis límites.

De aprender a escucharme.

De dar pasos pequeños, torpes a veces, pero siempre honestos hacia algo más sano.

Y en todo ese proceso, aparecieron personas.

Personas que no intentaron arreglarme.

Que no me exigieron estar bien.

Que no minimizaron lo que me dolía ni me empujaron a ir más rápido.

Personas que simplemente estuvieron.

Algunas llegaron para quedarse más tiempo.

Otras pasaron solo un tramo del camino.

Algunas me leyeron en silencio.

Otras me regalaron palabras, mensajes, abrazos escritos, miradas distintas cuando yo no era capaz de verlas.

Todas, absolutamente todas, fueron importantes.

Gracias a quienes me leyeron cuando yo no sabía ni cómo hablar.

Gracias a quienes me recordaron quién soy cuando yo solo veía mis grietas.

Gracias a quienes me acompañaron sin pedir nada a cambio.

Gracias a quienes me ofrecieron refugio, paciencia y humanidad en uno de mis inviernos más largos.

Gracias también a quienes me enseñaron, incluso sin pretenderlo, lo que ya no quiero volver a vivir.

Porque sanar también es aprender a cerrar puertas sin odio, pero con firmeza.

Hoy empiezo este año con menos certezas que antes, pero con algo mucho más valioso: más conciencia.

Con una idea más clara de lo que merezco.

Con el deseo sincero de seguir caminando, aunque sea despacio, aunque a veces duela.

Si alguna vez sentiste que estas palabras también eran tuyas, si en algún momento te reconociste en este proceso, quiero que sepas que tu compañía importó más de lo que imaginas.

Este nuevo año no promete perfección.

Promete verdad.

Promete cuidado.

Promete seguir eligiendo lo que suma, incluso cuando cuesta.

Y desde aquí, desde este primer día, solo puedo decir una cosa con el corazón en la mano:

Gracias por acompañarme.

Gracias por sostenerme.

Gracias por estar.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario