1142. Donde empieza lo nuevo

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No empiezo este año celebrando.

Lo empiezo decidiendo.

Decidiendo no volver a vivir en lugares donde me pierdo.

Decidiendo no quedarme por miedo.

Decidiendo no seguir sosteniendo lo que ya no se sostiene.

Este nuevo comienzo no nace del impulso, nace del cansancio bien entendido.

Del que llega después de haberlo intentado todo.

Del que aparece cuando ya no quieres huir, pero tampoco puedes quedarte.

Durante mucho tiempo creí que empezar de cero era fracasar.

Hoy entiendo que es un acto de dignidad.

Que no borra lo que fui, sino que me devuelve el derecho a elegir qué quiero ser ahora.

Estoy cerrando etapas que me dieron identidad, aprendizaje y heridas.

Algunas me formaron.

Otras me desgastaron.

Todas cumplieron su función.

Y ahora, con el respeto que merece lo vivido, abro espacio.

Espacio para algo construido con mis manos.

Con mis tiempos.

Con mis valores.

Con mi forma de estar en el mundo.

El Arco no es solo un proyecto.

Es un símbolo.

Un punto de paso.

Un lugar donde cruzar de una vida que ya no era mía a otra que empiezo a sentir como propia.

No sé exactamente cómo será el camino.

Sé que habrá vértigo.

Dudas.

Días de cansancio.

Pero también sé algo importante:

esta vez no estoy huyendo, estoy avanzando.

Empiezo este año sin prometerme que todo irá bien.

Me prometo algo más honesto:

no volver a traicionarme.

Y eso, hoy, es más que suficiente.

Continuará…

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